Edgar Dorantes: El centro del caleidoscopio

Entrevista a Edgar Dorantes, 2012

Fragmento de mi libro Jazz en gonzo

Conocer a Edgar fue llegar al centro del caleidoscopio. Sergio (Carrillo) me habló del fundador de JazzUV. Busqué a Edgar Dorantes en Facebook, lo invité al Café Jarocho. Unos chicos con jaranas y pequeños instrumentos de percusión acompañaron la plática. Un son improvisado volaba por las banquetas húmedas, espolvoreadas de música vespertina y tabaco. Edgar llegó un tanto apurado, nos preguntamos si nos conocíamos de antes y supimos que probablemente así fue de sólo vernos en conciertos de jazz. Edgar me dibujó las generaciones que han marcado la historia del jazz en Xalapa. Me habló de la vieja guardia, de los Amigos de las Almas Transparentes* y de quienes oscilan entre la primera y la última generación de jazzistas, Los de en medio. Seguí su esquema para la valoración del índice final de la investigación. Edgar explica cómo comienza el jazz académico en Xalapa.

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“Xalapa ya tiene un movimiento de jazz más o menos en camino desde hace muchos años. No sé si treinta o más o menos, quizás cuarenta, no recuerdo bien… Aquí incluso vino Dizzy Gillespie, vino Camen McRae al Teatro del Estado, digamos que sí tiene una historia esto, ¿no? Tiene el grupo de jazz de la Universidad Veracruzana de hace muchísimos años: el Orbis Tertius, después tuvo también el movimiento del Jazz Fest, que era un Festival que se realizaba cada año en el verano, con dos semanas intensas de clases, que traían artistas de fuera. Eso fue desde los noventa. Yo estudié aquí en la Universidad Veracruzana, tanto piano clásico y también fui haciendo mis grupos de jazz, empecé a tocarlo, a aprender y después me fui a Estados Unidos a hacer una maestría en jazz en el 2000, terminé en el 2002, también trabajé como maestro de jazz en el 2003 en el estado de Georgia en Estados Unidos y luego regresé a México, regresé a la Universidad Veracruzana, concursé por una plaza que había, gané. Luego, como traía toda la información fresca de Estados Unidos, de jazz, y a mucha gente le empieza a interesar aprender más y más, se empiezan a acercar a mí, a mis clases. En la Facultad de Música me permiten a mí abrir clases de jazz, aunque no cabían en el currículum, sí había contenidos de jazz, eso lo empecé en el 2003 cuando regresé a Xalapa. Tomé un diplomado en Veracruz, en la escuela de Bellas Artes de jazz. La demanda era altísima de la gente que buscaba información del jazz, ¿no? Eso por un lado; y, por el otro, el interés que yo también tenía de seguir un movimiento de jazz fuerte, porque venía de Estados Unidos con una actividad muy frecuente de jazz semanal, donde yo tocaba con mucha gente”.

“La demanda de jazz se debe a que en Xalapa viven muchísimos músicos. Es una ciudad que, principalmente, por la UV, pero no es la única institución, pero principalmente por ella y después por otras como algunas agrupaciones independientes, grupos, por la curiosidad de muchos músicos independientes, otras instituciones como la SEP… no sé, otros grupos que generan trabajos para músicos; acá ha habido siempre muchísimos músicos, ¿no? Entonces yo creo que esa cantidad de músicos que hay que siempre andan buscando música, ¿sabes? A quienes nos apasiona, siempre queremos andar investigando, buscando, tocando con más gente; es una cosa que no acaba, es una música muy bonita… Entonces, cuando yo llegué (a Xalapa), la información… no había tanto de esto de la facilidad con los medios electrónicos, ¿no? por ejemplo… Yo traía la Maestría en Estudios de Jazz de la Universidad del Norte de Texas, una de las más prestigiadas; entonces, pocos mexicanos nos hemos ido a estudiar jazz a Estados Unidos, ¿no? que regresan. Ahora ya afortunadamente hay muchos músicos, ¡qué bárbaros! de mi generación y más abajo, que van a Nueva York y regresan y tocan, aprenden y eso es increíble porque el nivel sube muchísimo. Hablando de hace diez años, era muy poquito, era lento, era mucho más lento el proceso que ahora; y todas estas personas estaban buscando quizá no el jazz en sí; haz de cuenta que el jazz, el proceso que lleva un músico de jazz para crear música es un proceso muy completo, para poder improvisar, para ser músico de jazz se requiere de muchas herramientas, de muchísima educación, también de muchísimo valor, ¿no? Y entonces, se dan cuenta de que traes muchas herramientas para ellos, pueden hacer mejor su trabajo, ya fueran músicos de folclor, músicos sinfónicos, músicos de música popular, de rock, de salsa, de cumbias, de las fiestas, de los grupos pastel, que les llaman, porque el músico siempre tiene una curiosidad por aprender algo nuevo, ¿no? Entonces con esto, mis clases en la Facultad de Música se fueron llenando con muchísima gente; también di clases de jazz en un bar, en La Tasca, hasta que ya después por ahí del 2006, 2007, ya no podía, era insuficiente, era demasiada gente, y ya también empezaba a haber chavitos que empezaban a tocar un chorro y yo ya no podía, ya no les podía enseñar. Yo toco el piano, yo no puedo enseñar a tocar bien la batería, el saxofón, la trompeta, entonces yo le hice una propuesta al director de la UV en el 2007, a Raúl Arias Lovillo, que todavía es nuestro Rector, que yo veía un ambiente muy fuerte y creía que había una fundamentación fuerte para hacer una escuela de jazz, me apoyó. Me apoyó, pudimos contratar gente de México, vinieron a dar clases, después ya se fueron, llegaron otros profesores y así fue creciendo JazzUV. JazzUV crece por una necesidad, por una demanda real, que yo creo que es algo, yo creo que es una fortaleza, no nace porque hay un presupuesto y “¡se me ocurre que abramos una escuela de jazz, vamos a abrirla a ver si pega!”; no, es porque ya era inevitable que se abriera”.

¿Qué es el Jazz? ¡Ásu! Esa se la han hecho a todos los músicos de jazz de todas las épocas y es imposible contestar. Es como si dices ¿qué es la pintura? ¿qué es el teatro? Dices, “¡ah! es una cosa… de veras…” ¿no? Igual y tú dices ¿qué es la medicina? ¿qué es la comunicación? O sea, podría tener miles de respuestas, ¿no? Entonces quizás me toca repetir lo que han dicho muchos músicos de jazz desde Duke Ellington, Herbie Hancock, Charlie Parker; dicen que el jazz no se puede definir, pero se puede sentir y se puede, se puede distinguir pero no se puede definir, dicen ellos, ¿no? Lo que te puedo dar son características muy esenciales, las características son: es una reunión de músicos como en la sociedad de Nueva Orleans, de diversas culturas que se reúnen a hacer música que a través de un beat, o sea, de un ritmo, ¿no? Que ahora le llamamos swing, pero antes quién sabe cómo se le llamaba, qué importa… de un tipo de beat, de un tipo de ritmo que le da vida, empiezas a crear música con los elementos que tienes, con los instrumentos, en ese entonces occidentales, con elementos musicales occidentales, porque había cosas de cultura europea muy fuerte en Nueva Orleans, pero también con muchos elementos africanos y de mucha migración, de Brasil, de México, de Costa Rica, de muchas partes de Latinoamérica. Entonces, primero es esa reunión y a partir de ahí, la improvisación. La improvisación es eso de hacer música juntos, improvisar en el momento. Creo que son los elementos más valiosos: el reunirse alrededor de un beat y ponerse a improvisar con lo que tengamos. Yo creo que es, no es una definición, nada más es un acercamiento”.

“Yo, desde que era niño, escuchaba diversos discos que tenía mi mamá en su casa, a veces los ponía yo. Eran orquestas mexicanas, ¿no? eran más bien orquestas de Agustín Lara, de Gonzalo Juriel, que no era lo que conocemos como jazz en sí, pero sí había muchos elementos de jazz, sí había mucha improvisación, entonces sí puedes decir que era jazz también. Pero bueno, eso de los parámetros es algo como regular… ¡qué importa! ¿no? El chiste es que esa música me atrajo, luego ya la dejé, luego empecé a estudiar música clásica allá en la Facultad de Música, que aprendí muchísimo, tuve un maestro de piano que se llama Alejandro Corona, es un pianista de música clásica bastante bueno que ya se jubiló, trabajó en la UV. También él me empezó a enseñar todo lo que era la armonía de jazz, me mostró muchos discos y ahí fue cuando me empezó el gusanito. También conocí a Memo Cuevas y escuché un disco de Oscar Peterson, escuché otro disco de Ella Fitzgerald, otro disco de Duke Ellington y otro de Antonio Carlos Jobim; eso fue como “¡aaahhh!” Ahí fue cuando dije “a mí me gustaría hacer eso, me gustaría poder hacer eso”, y así fue como me metí con esa facilidad de poder improvisar y pasármela bien, ¿no? En mi familia no hay músicos. Nada más un bisabuelo fue músico, en Huatusco, sí, y parece que fue un músico importante, fue el director de la banda de Huatusco. Él tocaba varios instrumentos, también pintaba, pero es un bisabuelo. De ahí en fuera, ninguna otra referencia”.

“Ahorita son más músicos de jazz, los que me rodean, porque ahorita estoy de lleno trabajando en JazzUV, como maestro, como profesor, y también estoy yendo a conocer a todos los jovencitos que hay en la ciudad, que son muchos y que están tocando mucho. Pero hago otras cosas, por ejemplo, me gusta muchísimo la música clásica, a la cual todavía me dedico, entonces también convivo mucho con amigos de música clásica, estoy empezando a convivir mucho también con músicos de son jarocho, de música popular, un poquito más, porque a veces yo me involucro en esos proyectos también, pero también tengo otros amigos, de teatro, de danza, y muchos que trabajan en la Universidad, en la Unidad de Artes, o sea, todo lo que es la gestión cultural”.

“Es cierto que la vida del músico de jazz sí tiene sus distintivos, al igual son como los de otros músicos de otras músicas, ¿no? Seguramente habrá muchas similitudes, pero sí, en el músico de jazz primero existe una pasión absoluta por el jazz, por sonar, por swingear, por tener timing, por improvisar, por tener esa combinación de sonoridades, de rítmicas, de creatividad, de libertad, esa pasión por la improvisación y una pasión también absoluta por la historia del jazz, por la cultura del jazz… ¿sabes? Nueva Orleans, Louie Armstrong, Duke Ellington, Count Basey, Ella Fitzgerald, hasta llegar a Bill Evans, Herbie Hancock, Miles Davis, John Coltrane, ¿no? Hasta ahora, Joe Lovano, Kenny Werner; o sea, esa pasión por esa música, ¿no? Sí tiene que existir en un músico de jazz, yo creo que existe cuando eres músico de jazz y también una vocación; no sé si se llama vocación cuando te dedicas a eso porque es una cuestión de vida, se dedican a su instrumento, a explorar su instrumento al máximo como improvisadores, como arreglistas, les encanta ensamblar con otros músicos, les encanta. Lo más maravilloso es llegar a un bar a una jam session y juntarte con ellos y subirte a tocar con los músicos que están ahí. Son pasiones que yo veo en los músicos de jazz que no necesariamente veo en otras músicas, ¿no? Algunos se parecen más, por ejemplo, las culturas folklóricas muy cercanas, ¿no? Tienen muchos de estos elementos, muchísimos”.

“Ahorita hay varios foros donde se toca jazz en Xalapa. Bueno, primero se toca en los centros culturales, digamos, en los centros culturales ya instalados, como son los del Teatro del Estado: Sala Chica, Sala Grande. Como son las galerías de arte contemporáneo, como es la Casa del Lago de la UV, como son El Jardín de las Esculturas; o sea, en todos los foros establecidos en Xalapa para artes escénicas hay jazz. Ahora, personalmente, podría decir que después de JazzUV, como JazzUV empezó a generar, como abrió una escuela de jazz, como la Universidad apoyó una escuela de jazz, dio acceso a que cientos de jóvenes puedan conocer esa música y estudiarla, ¿no? Entonces eso hizo que haya un movimiento en Xalapa ahorita muy grande, pero muy muy grande, mucho más grande que el que había hace diez años, entre diez y veinte músicos que éramos, que estábamos tocando jazz en algún lugar en Xalapa, en tres o cuatro lugares establecidos o en los centros culturales que te dije, en los teatros. Pero ahorita, en el 2012 son cientos de chavos los que están tocando por todos lados, y no sólo jazz, sino mezcla jazz con lo que les gusta, que el son jarocho, que el rock, que el folklor, que no sé qué, música de la India, música de África, música de Pakistán, de Jamaica. Es increíble ahorita el movimiento de jazz en Xalapa, y aparte de los teatros, también están los foros alternos como los bares y restaurantes. Por mencionar algunos de los que tienen muchos años ya, el bar La Tasca, el Café Teatro Tierra Luna; están, no tan viejos, el Alandalus, de Coatepec; La Lola, que tiene jazz tres veces por semana, aquí, es un baresito que está en el centro; en El Refugio también; hay otro que se llama La Otra, otro baresito por allá por Los Lagos; foros alternos como La Rueca de Gandhi; aquí en la calle también, aquí donde estamos, aquí enfrente yo toco todos los viernes a las seis, cuando yo no puedo, algunos amigos me ayudan y tocan, también a las seis, afortunadamente. Yo creo que en Xalapa ya el jazz se está convirtiendo en algo normal, es decir, como algo que es parte de la ciudad. Se está posicionando, yo ahorita vengo de una reunión con unos amigos que se están dedicando a lo de la gestión cultural y esa onda promoción cultural y sí mencionaban al jazz varias veces y digo ¡órale! ya como algo instaurado, fijo, como un patrimonio de la ciudad y eso está padre porque abre espacios y, o sea ya. Yo digo que está bien porque lo que genera el jazz es un movimiento de interacción de seres humanos, eso es lo bonito, que es incluyente, también depende de cómo se vea. Definitivamente en el municipio de Xalapa la UV siempre le ha apostado al jazz muy fuerte, ahorita el Municipio de Xalapa también le está apostando, el Instituto de Educación y de Cultura, otras casas de cultura, y los municipios de alrededor también: Córdoba, Orizaba, Veracruz”.

“Sí es verdad, el jazz es así (trasgrede generaciones), desde genios de ochenta años hasta niños de cuatro años entran así como “Pedro por su casa”, ¿no? ¿qué otras músicas pueden ser así? músicas de base folklóricas de base muy fuerte, como el son jarocho, también tiene público de ochenta años y de niños que están bailando y están tocando ¿Qué otras cosas? la música clásica no está tan fuerte en ese sentido, o sea, no es tan… quizá en Europa sí, pero sí tiene diferentes generaciones, ¿no? Como el pop, no sé a qué se deba, cómo lo venden, cómo se toca, no sé….”

“Existe un bluff a veces en el jazz, mostrarse socialmente en algún evento, eso es. No es tanto que sean fanáticos de lo que van a escuchar. A veces se combina, a veces se tiene el dinero y se quiere que lo vean, ¿no? Pero en Xalapa, creo que como es una ciudad más como underground, la universidad es pública y es la base, ¿no? Hay gente de bajos recursos, estudiantes a los que a veces no les alcanza ni para comer, ni para echarse un sándwich, pero ahí están queriendo estudiar. También creo que hay un ambiente juvenil muy fuerte, tiene demasiados estudiantes. La UV tiene como 70 mil estudiantes en todo el estado, de los cuales quizá la mitad o quizá 40 mil viven en Xalapa, ¿no? Y aparte ya se suman otras universidades que son abiertas, pero entonces hay más apertura. Otra cosa que sucede es que Xalapa está llena de jóvenes que vienen de fuera a estudiar, creo que es otro aspecto social importante para esa apertura, para que no exista ese bluff tanto. Ahora que, sí existe, pero también tú vas al Teatro del Estado a un concierto de la Sinfónica, o de jazz, o a un concierto de son jarocho que también se junta con un evento político y también hay bluff; pero también es menos. Menos, afortunadamente, por pasión, pero eso existe en Xalapa en teatros, en los bares y en las calles también; o sea, también vas el viernes al concierto de la Sinfónica y ves a gente de traje, que siempre ves, que qué bueno, tiene derecho a ir y mostrarse socialmente, cada quien tiene el derecho a hacer lo que quiera, pero también ves a una comunidad enorme de jóvenes que van en shorts o en tenis o jeans… no sé qué; ya hay mucha más diversidad y que aprecian”.

“No tengo el dato exacto ahorita, pero entre los cursos preparatorios que tenemos y la licenciatura que acaba de abrir, debe de haber entre 150 y 200 alumnos por semestre, más o menos. A veces un poco más, a veces un poco menos. Son muchos, para un área, para jazz. Y también va rotando, cada semestre entra gente nueva y otras gentes que van saliendo. Ya lleva cuatro años JazzUV, cuatro semestres de inscripción, entonces sí hay cientos ya”.

“Antes de una tocada está que te invitan o tú invitas a otros, bueno ¡ya! Pero empieza a haber una agitación, dices “qué bien, mañana voy a tocar, mañana toco con este trío de jazz”, o “es mío yo, los voy a invitar y les voy a poner esto, vamos a tocar esto”, y empieza una pasión por saber qué vamos a tocar, o no tanto por qué vamos a tocar, si no por lo que va a suceder en el momento. Empieza con una excitación, una agitación interna en los músicos de jazz, así somos. Ya nos empezamos a emocionar con las posibilidades de música que va a salir ahí, porque cuando estás ahí arriba en el escenario, que estás usando toda tu experiencia que tienes para que el grupo suene bien, para pasarla bien. Híjole, ya, te lo estás imaginando y la verdad es que la realidad siempre supera las expectativas, ¿no? Entonces cuando es buena onda, buena vibra, profesionalismo, mucho profesionalismo, muchas ganas de compartir, salen cosas maravillosas. Entonces, en la tocada, nos ponemos de acuerdo en lo que vamos a tocar, cómo lo vamos a tocar, es decir, en qué ritmo, en qué tiempo y ¡pum! uno de nosotros marca y vámonos y a la hora de estar tocando es total concentración, eso sí. Total concentración en lo que está sucediendo, ¿por qué? porque tenemos códigos muy establecidos de comunicación, o sea, para ser totalmente libres, necesitamos saber qué tierra estamos pisando, no puedo quedarme ya a soñar y distraerme, pensar en mi abuelita, no. Tienes que estar bien concentrado en lo que los otros músicos están haciendo, para que tú puedas incorporar tu instrumento a esa sonoridad. Entonces, pasión, responsabilidad, profesionalismo, concentración, mucho amor por eso que hacemos, placer, diversión. Cuando nos desconcentramos, algo así, entonces se cae, se rompe todo, cuando uno de los músicos se distrae pasa algo, ya no está tan seguro de lo que está tocando con los demás y es muy fácil caerse, por eso es que nos fascina tocar lo más seguido posible, porque entre más se hace vamos agarrando más experiencia. Son momentos de vida, son momentos irrepetibles, no queremos hacer algo igual cada noche, queremos tener una nueva experiencia, explorar… y para eso necesitamos tener una continuidad y también mucha concentración porque muchas veces no sale lo que esperamos. Y ya después de que terminamos de tocar, no sé qué escritor decía por ahí que el segundo placer después de escuchar música era hablar de música. Pero sí, termina uno y, pues si estás en un restaurant o en un bar, en una cena, te toca ya cotorrear, comentar lo que tocamos: “esto sí me gustó… esto no”, y platicamos, es una oportunidad de hablar también de otros músicos de jazz, de lo que hemos visto, y pasársela bien, ¿no? Y si estamos tristes porque la tocada salió triste, pues también, ¿no? Compartir eso de que no salió como esperábamos y hay que seguir trabajando duro en estudiar cada quien en su casa, ¿no?”

Nos despedimos mientras se detenía el chipi chipi xalapeño. El café se terminó, pero no los conciertos. Edgar se fue hacia su ensayo.

16 de julio, 2012

Edgar Dorantes toca en la inauguración del Pasillo Cultural en la Avenida Xalapa, junto con Juan Carlos Sardaneta y otros alumnos: batería, piano, bajo y melódica. Reunida gente de gobierno, jóvenes, familias. Ni edad, ni género, ni clase social como límites. La lluvia no detuvo a nadie. Los xalapeños se resguardaron bajo el techo de plástico que estaba por encima de una manta de jazz que les cubrió del frío. Un niño de, quizás, cinco años; otros, quizás de doce; se pararon frente a los instrumentos. Una señora que sostenía un bebé se puso a bailar con él. Señoras y señores se acercaban para aplaudir.

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Sami Mendoza (batería), Juan Carlos Sardaneta (bajo), Edgar Dorantes (melódica). Pasillo Cultural, Xalapa, 2012.

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Edgar Dorantes (piano), Sami Mendoza (batería), en tocada callejera. Xalapa, Centro Histórico, 2012.

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Edgar Dorantes (melódica), Messe Merari (voz). La Lola, Xalapa, 2012.

*Hay un capítulo de Jazz en gonzo que se llama Los Amigos de las Almas Transparentes, que alude a las generaciones más jóvenes que crean jazz en Xalapa.

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