La Zinco Big Band y Sachal Vasandani en The Music Village: The Great Swing!

El sonido clásico, emocionante, la fluidez melódica y los arreglos tan bien elegidos hacen de la Zinco Big Band un gran ensamble, de lo mejor que he escuchado en los últimos dos años. Los instrumentos, cada uno con gran y muy definida personalidad, se acomodan para aprovechar el sonido de cada uno, de manera orgánica y graciosa.

Cuando anunciaron Norwegian Wood sentí un poco de molestia porque siempre, tarde o temprano, se recurre a los Beatles; sin embargo, estuvo muy bien lograda. En esta, el saxofón de Sergio Galván, como siempre, resaltó por la aguda creatividad que le caracteriza, y todo ese arcoíris sónico que es imposible no adorar.

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Se interpretó el tema When You Wish Upon a Star, creado por Leigh Harline y Ned Washington para la producción de Walt Disney de 1940, Pinocho. Yumar Bonachea en la trompeta demostró una proyección espectacular, con una clara influencia se agudos y fórmulas provenientes del latin jazz, posiblemente de Dizzy Gillespie y Arturo Sandoval.

Se tocó una composición y arreglo de Gordon Goodwin, inspirada en las caricaturas de Bugs Bunny; Elmer Gruñón, en lugar de decir “Hunting Rabbits”, dice “Hunting Wabbits”, de ahí el título de esta pieza, con la cual me quedó claro que eligieron un repertorio magnífico. Hunting Wabbits fue mi ejecución favorita de todo el concierto. La sección de alientos es fantástica: abrió con sonidos lúdicos que saltaban de un instrumento a otro, tal y como en las caricaturas. Para cuando se incorporó el resto de la orquesta se sintió el pinchazo en el corazón, muchos escenarios de este momento se acercaron a las intenciones selváticas de la orquesta de Duke Ellington. Wow.

Más adelante se incorporó Sachal Vasandani, con su perfil súper neoyorquino y timbre encantador. Qué manera de diluir la voz con el ritmo, se nota una preparación bastante sólida y sensible de su parte; un dinamismo exagerado, pero nunca pretencioso. Bellas fueron sus interpretaciones de standards clásicos.

Se incluyó un arreglo de Joe d’Etienne del Huapango de Moncayo, lindísimo. Un latin jazz medio mambesco, semi danzón. Esta pieza me interesó mucho porque, independiente a la idea del arreglista, conceptualmente se me antoja explicarlo como una oda no planeada al momento en que Jack Kerouac indicó que el mambo era como un jazz mexicano, en On the Road. Y sí, abordar el tejido de estas músicas es una hazaña bastante sensata.

Aplaudo que tocaran Caravan, donde el saxofón brilló todo el tiempo. Se dieron unos solis súper bien coordinados y emocionantes.

Además, la Zinco Big Band es también bastante colorida en cuestión de ritmos. Aplaudo que su baterista maneje tantas sutilezas y contrastes, que sea súper respetuoso; el sonido está muy bien organizado. Muy bien por Christian Pérez, qué sólo tan bello, demasiado armónico para haber salido de una percusión.

Hacía el final de la velada se invitó a una cantante, Flora, a unirse a Sachal. Fue un encuentro vocal bastante divertido: Ella cantando sobre una misma escala, Sachal retándola, ella vuelve a la nota más básica, algo nerviosa pero muy afinada, aborda Fly Me to the Moon, comienza un scat. Sachal, incisivo, supera la estrategia; ella contesta con intervalos más divididos. That was a fight! Flora se devuelve a la melodía, él contesta con cambios de ritmo, de manera brutal se devuelve al ritmo base; Flora cierra reencontrándose con la melodía.

En general, puedo afirmar que me enorgullece haber presenciado una orquesta con músicos tan preparados, con un gran director, y que mantiene una estrategia interesante (esos juegos en la elección del repertorio) para marcar esta nueva era, bien lograda, de big bang en México.

Miembros de la Zinco Big Band:

Director y piano: Christian Bernard.

Trompetas: Yumar Bonachea, Gustavo Arriaga, Joe d’Etienne, Toño Vidal.

Saxofones: Christian Mendoza, Sergio Galván, Remi Álvarez, Enrique Ríos, Sebastián Desposorios.

Trombones: Victor Correa, Ulises Chapul, Rubén Rodríguez, Eric Hernández.

Contrabajo: Kike Rosales.

Batería: Christian Pérez.

*Un fuerte agradecimiento a Fausto Villanueva, por su cortesía y hospitalidad de siempre.

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