Del jazz, el batá, el Bebo e Irakere: Chucho Valdés platica el origen de la magia

Por: Estefanía Romero

Foto: Hernán Rocha

Les comparto mi conversación con uno de los mejores pianistas del mundo; también compositor, educador, director y arreglista. Se trata del amado creador de Irakere, hijo del gran Bebo Valdés. Chucho es hoy mentor de generaciones de jazzistas, así como transgresor de la música cubana y del jazz en muchos sentidos. Así nos platica él cómo fue que ocurrió la magia…

-Usted revolucionó la historia del jazz, creó la timba, cambió las estructuras del mambo. Muchos compositores suelen decir “esto sólo surgió, yo no lo planeé”. Pero me parece que desde el inicio usted tenía bastante claro que quería crear algo nuevo.

-Yo tenía muchas ideas desde que era estudiante. Yo decía, ¿por qué no se podrá hacer esto? ¿Por qué no se está haciendo esto? O sea, combinaciones de instrumentos, familias de instrumentos, y combinaciones rítmicas también. Quizás no es que pretendía inventar algo, pero sí quería hacer algo que a mí me parecía que podría ser diferente y eso lo logré desde que hice mi primer disco, antes de Irakere, antes de Jazz Batá y todo. Es un disco muy sui generis porque era una flauta y un clarinete, piano, bajo, batería y percusiones; era un sonido diferente. Cada vez que se oía ese sonido la gente sabía que era yo, que era Chucho Valdés. Y así me fui buscando mi propia sonoridad.

A través del Jazz Batá encontré la sonoridad africana, afrocubana, ideal para lo que yo quería y resultó ser una innovación increíble: un loco que hizo un trío de jazz sin batería, o eso es lo que decían. De ahí nace una cosa que se llama “el rag de la percusión”, que son muchos instrumentos de colores de percusión como los que yo use.

Después, el grupo Irakere fue la primera banda que tocó música bailable con tambores batá; nadie había puesto los tambores africanos a bailar, o sea, los tambores batá se usan en rituales de la religión. Tuvimos un éxito tremendo con un tema que yo compuse que se llama “Bacalao con pan”, que sigue siendo un himno.

Después de eso compuse para música de jazz afrocubano, “La misa negra”, que es una obra histórica, fue el primer Grammy de un grupo que vivía en la isla de Cuba; ha quedado como el tema que abrió un nuevo camino dentro de las estructuras, dentro de las rítmicas del jazz y la música afrocubana.

-Usted logró que la música bailable fuera también música que la gente se detenía a escuchar con atención.

-Sí. Estábamos renovando la música bailable porque en ese momento estaba muy rígida, no avanzaba, estaba muy en el mismo lugar. La unión de los batá, la sesión de ritmos, los nuevos timbres, los músicos tan virtuosos que tenía Irakere, pues cambió el rumbo de este tipo de música; y además se pegó. No sólo innovó, sino que se hizo Irakere el grupo más importante de la música bailable por muchos años en Cuba.

-Cuando ustedes llegan al festival de jazz en Newport en el 78…

-Wow! ¡Estás clara!

-…es el primer contacto entre Estados Unidos y Cuba después de la Revolución, eso es histórico, es increíble.

-En la historia, el primer grupo de jazz cubano que visitó Estados Unidos, y fue en un festival de jazz, y grabó un disco para una empresa americana, y ganó un premio Grammy de la Academia, eso se llama Irakere.

-Usted llega al piano a los 3 años, es la primera vez que lo tiene entre sus manos, pero ¿en qué momento surge la necesidad de componer y por qué?

-Eso vino solo. Yo escuchaba mucha música, independiente de que tocaba piano, y de repente se me empezaron a ocurrir melodías, con siete, ocho años… pedacitos de melodías, las tocaba y… mira, qué bonito; pero ya a los 11 compuse algo ya más formal. A partir de los 15 mi papá empezó a grabar mis canciones en sus discos y por ahí nació el compositor.

-Eso… el papá, el Bebo…

-¡Sí, por Dios!

-¿Nos puede contar alguna memoria musical interesante de él? Ha de haber muchas y maravillosas, pero viniendo de usted…

-Bueno, primero, fue mi maestro, papá maestro, imagínate. Después, mi primer trabajo profesional de grabación fue con él, como pianista de la orquesta de él. Después hice todo el tiempo como pianista de la orquesta de mi papá, grabábamos para todos los artistas importantes, mi papá dirigía, hacía los arreglos y yo tocaba el piano; él me enseñaba mucho de esa forma. Son recuerdos increíbles.

También en la etapa después de los 80 años de mi papá, grabamos un disco en San Francisco. Después grabamos para la película Calle 54 un dúo;  grabamos un dúo que es un disco increíble, “Bebo y Chucho”, el papá y el hijito. Ese disco ganó todos los premios, ganó el Premio de la Música en España, porque se hizo en España; ganó el Grammy Latino, ganó el Grammy de la Academia. Ganó todos los Grammy.

-¿Cómo fue que el jazz llegó a motivarlo tanto, sobre todo en una cultura y en años en los que este género estaba prohibido?

Primero me llega de niño porque mi papá era un gran pianista de jazz. Era un momento turbio, el jazz no se veía bien, pero nosotros nos mantuvimos haciéndolo hasta que llegó la Orquesta Cubana de Música Moderna y rompió con ese problema, surgió Irakere y se abrieron todas las puertas del jazz.

-Un momento maravilloso de su historia es el momento en que llega Dizzy Gillespie y escucha a Irakere…

-Wow!

-Platíqueme eso.

-Andaba un crucero por el Caribe con música y estaban muchos músicos norteamericanos, entre ellos Dizzy Gillespie. Se pararon en La Habana y nos enteramos. Fuimos a verlo. Entonces él fue a ver a Irakere y se quedó traumado. Dijo “oye pero qué clase de banda es esta, no sabía que en Cuba podía haber una banda así como esta”.

Dizzy, cuando regresa a los Estados Unidos, recomienda a Irakere para la Columbia [Records], es la compañía más grande. Y entonces la Columbia nos contrata, nos lleva al festival de jazz de Newport, y ahí hicimos el disco, hicimos otro segundo disco y ya se hizo a conocer Irakere en el mundo, gracias a Dizzy Gillespie.

-Háblenos de Jazz Batá 2.

-Es la continuación del Jazz Batá 1, que se hizo hace muchos años, pero ahora con una perspectiva mucho más amplia, donde se usan todos los tambores afrocubanos, se usa la danza, el canto afrocubano, la música cubana también, y está el jazz por supuesto, por eso se llama “Jazz Batá”. Es un trabajo muy innovador, ha tenido éxito a través del mundo, el disco ha tenido muy buena aceptación de la crítica internacional. Ahora estamos trabajando en el Jazz Batá número 3, que viene más allá todavía.

Querido Chucho, como te dije en mi despedida, eres una de las grandes razones por las cuales amo el jazz y siempre estaré agradecida contigo. ¡Qué vivan Cuba y la música hermosa!

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