Siglos de historia musical, ¿por qué te escucharía a ti?

Por: Estefanía Romero

Foto: Mónica García

El trabajo de un crítico no es tener la razón […] Los críticos memorables, incluyendo al mejor de todos, John Ruskin, se equivocaron usualmente, incluso de manera absurda, pero crearon argumentos que siempre valdrá la pena pensar”.
Jonathan Jones (2011), en The Guardian

¿Qué esperas de un concierto de jazz?

Yo, de entrada, que exista un sonido balanceado, ese es el principio de todo lo que hay alrededor. Espero también técnicas, conocimiento, un uso real del lenguaje. Pero, sobre todo, me fascina encontrarme con búsquedas nuevas y creatividad.

Paul Nedzela

Hace unos años se me acercó un músico para pedirme que reseñara su disco y yo, con toda la honestidad y eufemismos que pude encontrar le expliqué que no podía escribir sobre un disco más de standards en el mundo. Y qué si su contenido era perfecto, técnicas notables, buen uso de la forma, todo lo que se espera de una pieza de jazz. Es aquí donde yo pregunto: ¿por qué te escucharía a ti teniendo tantos años de historia de la música? Aquellos que me enseñaron a amarla y comprenderla. Es como pedirle a alguien que acepte de la nada a un nuevo papá.

Vamos a pensar en Gershwin cuando este pidió clases a Schönberg, Ravel y Stravinsky, pero los tres le dieron una respuesta similar, la cual parafraseo aquí: “no necesitas mis clases, ya eres un buen Gershwin, dártelas significaría convertirte en una mala copia de mi nombre”. Si bien en el jazz es costumbre aprender la tradición para comprender el lenguaje, ¿de qué tanto nos sirve encontrar nuevos compositores-copia de todo lo que ya se hizo? Mi postura nunca será decir “está bien” o “está mal”, pero puedo saber cuando un producto me parece innecesario dentro de mi catálogo. Y, de hecho, es usualmente ese tipo de nuevos compositores a quienes no suelo considerar.

No me malentiendan, yo amo la tradición, amo todas las evoluciones del jazz, a eso me dedico. También creo que siempre será bueno ir a conciertos excelentes de cada uno de aquellos subgéneros: el jazz, a diferencia de los géneros cultos que le precedieron y evolucionaron cada cientos de años, tuvo la osadía de renovarse a sí mismo cada década, quizás mucho con la ayuda de la cultura de masas del siglo XX, pero el hecho es que así fue.

El último sábado escuché el Paul Nedzela Quartet, traído a El Cantoral, por el generoso proyecto DeQuinta Producciones y su ciclo New York All Stars, cuyo objetivo desde hace ya un tiempo es acercarnos a músicos notables de Nueva York, el lugar donde los jazzistas se forman de verdad, por historia y porque competir allá es como ir a las Olimpiadas del jazz. Además que en La Gran Manzana el público consumidor del género no se traga cualquier cosa.

Aplaudo la calidad del cuarteto. Desde el inicio toda la estructura musical se sostiene con un sonido profesional. Paul Nedzela presentó una composición original: hardbop, velocidades de alto riesgo, agilidades técnicas incuestionables, una paleta de colores amplísima, matices. La primera pieza se llamó “A Call Beyond” y, como explica su autor, fue un tema que compuso para comunicarse con John Coltrane. Adorable.

En el segundo tema, “Let it Go”, quedó muy claro quién fue la estrella: el pianista Dan Nimmer, siempre en búsqueda de formas poco coloquiales, dibujando progresiones violentas, utiliza algunas disonancias y vierte ragtime de maneras apenas evidentes. Su formación clásica y jazzística es muy clara. La noche, más allá de esta pieza, fue sin duda de Nimmer. En especial porque fue el único integrante que, a pesar de utilizar elementos clásicos del bebop, lograba moverte de tu lugar y hacerte consciente de estar en otro espacio, en el momento de lo sublime, lo que Stravinsky llamó “tiempo psicológico”.

Entre las curiosidades de la presentación, se tocó un tributo a Joao Gilberto, con “O Grande Amor”, rememorando también a Carlos Jobim y Stan Getz. La clásica balada, samba, vibra sesentera. Continuaron con arreglos de “Horizons”, de Charles McPherson… más hardbop; “Portrait of Jenny” que fue un hit en manos de Nat King Cole, otra balada jazz; “Lisa”, famosa por Cannonball Adderley, “Strange Fellas”, de Paul. Sin duda todas más allá de la perfección. Pero aquí es cuando retomo mi discurso del inicio: ¿qué es lo que buscamos en un concierto de jazz? ¿Vamos por la tradición o vamos por cosas nuevas? Nunca hablaría mal de un standard impoluto, pero, ¿sería necesario que hable de él?

En las últimas piezas, Paul hizo parpadear su saxofón barítono en sacudidas que ya eran necesarias. La mesura del jazzista es buena, pero sus ideas estimulantes pudieron hacernos escapar de la aburrición en momentos anteriores.

Hacia el final de la velada un dueto de piano y sax barítono tejieron “O farol que nos guia”, de Hermeto Pascoal. De nuevo, Dan Nimmer demostró que viene de otro planeta. Esta me pareció la elección más interesante de su repertorio, un cúmulo de belleza e ideas nuevas, Hermeto es tan viejo, tan fascinante y tan desconocido por acá.

La velada cerró con “Humpty Dumpty”, de Chick Corea. Una fortuna que no fue “España” una vez más.

Neal Miner.

Se agradece la pulcritud de Neal Miner en el contrabajo, pero hubiese encantado que hiciese más de lo mínimo necesario. Charles Gold con un buen swing siempre, nos dejó boquiabiertos en un par de solos muy característicos y memorables.

Charles Gold

Gran trabajo el de este cuarteto para traer a México el sonido del jazz real de primer mundo; pero… ¿cómo trasciende alguien que repite las fórmulas una y otra y otra vez? Como dice Robert Glasper, la verdadera tradición del jazz es romper con la tradición.

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