Vuelcan cancionero y poesía a su propia imagen: Magos Herrera y la Brooklyn Rider

Por: Estefania Romero

Samba, scat, ritmos africanos y brochazos de música clásica del siglo XX son lo que queda de acercamientos al jazz en la obra actual de Magos Herrera, lo que a mí parecer representa un síntoma del artista que está en búsqueda de su verdadera personalidad.

La cantante presentó su álbum Dreamers en el Teatro Juárez, como parte de los estelares del Cervantino 2019. La composición “Niña” de este proyecto le significó a Magos una nominación al Grammy internacional de este año. Y con justa razón. Esta pieza es la cúspide de un disco que, en vivo, demuestra la madurez musical, el trabajo de profesionalización en la voz y una significativa inquietud por rescatar la canción popular latinoamericana sin machetear una vez más la forma bolero.

La Brooklyn Rider, un cuarteto de cuerda enfocado en música contemporánea, suma a la composición de Magos un espíritu oscuro, figuras musicales irregulares y destellos inesperados de pizzicati y col legno. El concierto brillo muchísimo por los detalles.

La técnica de Magos refleja control y autocrítica. Sin un registro tan amplio de voz, la mexicana demuestra elasticidad y saca provecho de todas sus posibilidades. Encontró el camino a la novedad al incluir cierto exotismo árabe, falsetes de intervalos rápidos, ciertas olas de flamenco y mucho de la tradición del canto brasileño que alude a ornamentaciones percutivas como los clicks de voz que heredamos de África, además de suspiros o aquel espacio en que el canto se volcó a una frase hablada que resaltó la palabra “libertad”.

Se trata de un show sensible e inminente para sacar a las audiencias de su zona de confort.

Fotografía de: Claudia Ruiz, Archivo FIC, 2019.

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