Revivir ancestros a través de la música: Steve Turre

Por: Estefanía Romero
Foto: Mónica García

Esta es la fantástica entrevista que tuve con el increíble compositor, arreglista, trombonista y caracolista(?): Steve Turre. Hablamos sobre la forma en que él descubrió el sonido de los caracoles, sus ancestros mexicanos, Ray Charles, Dizzy, y todos esos ídolos con que ha colaborado. Platicamos sobre política, Saturday Night Live y la magia de la música. 

Me siento muy conmovida. Debo aceptarlo, el concierto de Dizzy Gillespie and the United Nations Orchestra es uno de mis favoritos de todos los tiempos. Menciono esto porque vi tu concierto con la Big Band Profesores JazzUV en el Festival Internacional JazzUV, y no pude evitar notar que has creado tu propio estilo para componer y arreglar, y es increíble. Sin embargo, la hermosa forma en que diriges la orquesta, ¿tiene alguna influencia de Dizzy Gillespie?

La influencia viene de dirigir viene de tres personas principalmente. Trabajé primero para la Big Band de Ray Charles y después toqué con The Thad Jones/Mel Lewis Jazz Orchestra. Luego toqué con Dizzy Gillespie. También estuve con la Big Band de McCoy Tyner. Pero, para dirigir, creo que Dizzy, Thad Jones y Ray Charles. No tanto en términos de arreglo, sino en cómo llevar la energía y unión de la banda. Se trata de muchos cuerpos, una mente.

Estaban muy conectados. Tú generas que haya una buena comunicación. Me dio la impresión de que improvisaste instrucciones a la banda mientras dirigías, ¿lo hiciste?

Oh, sí, porque yo escucho lo que pasa y si alguien hace algo significa que busca una respuesta. Entonces escucho y digo “ok, ¡responde! ¡Boom!”.

Steve Turre

Eres un gran innovador de la música. Trajiste a ella los caracoles. ¿Cuál fue la primera respuesta que obtuviste tras hacer esto?

Depende de donde tocara. Bueno… al inicio, a mis 18 años, yo escuché el caracol ser tocado por un gran saxofonista: Rahsaan Roland Kirk. Él tenía un caracol, pero sólo tocaba una nota, ¿sabes? “ooooh”, pero el sonido era hermoso. Me encantó el sonido, así que me conseguí un caracol y al inicio sólo tocaba una nota porque creí que era lo único que se podía hacer: “ooooh”. Sin embargo, un día, por accidente puse mi mano adentro del caracol y toqué “ooooh”, “uuuuh”. ¡Oh! Noté que podía obtener diferentes notas, así que intenté: “di di di di”, y obtuve el intervalo de cuarta de casi todos mis caracoles. El más grande sólo tiene una tercera y algunos otros, los pequeños, pueden darme una sexta por mucho; pero no puedo obtener una octava del caracol, excepto por el armónico.

Descubrí esto en mi camino, no planeé que así sucediera. Tan sólo pasó. No fue como que entré al cuarto de práctica y dije “voy a hacer algo diferente”, pero mucha gente hace eso hoy en día, ¿sabes? “Quiero hacer una canción de 57 beats por ciclo, que nadie entienda, quizás así obtendré algo de atención”; no es así.

Cuando comencé a tocar el caracol, lo toqué algunas veces con Art Blakey, pero sólo un par de notas al final de una canción. Después, en los 80 trabajé muchísimo con una orquesta de salsa: Manny Oquendo y su Conjunto Libre, ¡muy buenos músicos! Toqué el trombón, pero comencé a tocar los caracoles durante los bailes; me acercaba a los bailarines para que escucharan. Así comencé a desarrollar y aprendí a tocar algunos blues con el caracol.

A veces utilizas el caracol como si tocaras una armónica.

¡Sí! Pero no comencé ahí. Fue una evolución. Sigo descubriendo cosas. 

Cuando vine a México por primera vez con Woody Shaw y toqué los caracoles en un concierto, la gente respondió de manera diferente a la de Nueva York.

Steve Turre y Estefanía Romero

¿Cómo?

¡Les gustó! Hubo mucha respuesta, mucho aplauso. 

Tiempo después hablé con mi primo, se llama Ángel. Me dijo “hombre… el caracol… ¿sabías que nuestros ancestros lo tocaban?”. Dije “¿de verdad? No lo sabía”. Y mi abuela nació en Veracruz. Después, fui al museo y vi los instrumentos de caracol que yo toco y pensé “oh, es por esto que me atrae este sonido, hay algo en mí”.

Entonces tomé la determinación de siempre incluir esto en mi música. Allá, en Nueva York, no le gusta a mucha gente.

¿En verdad?

Bueno, no es un instrumento europeo. A la comunidad latina le gusta. Al mexicano, al cubano, al dominicano… realmente les gusta. A los blancos, sólo algunos. Y está bien, no le tiene que gustar a todos, pero esto está en mí y es importante para mí poner el espíritu de mis ancestros, mantenerlo vivo hoy.

¿Fue también un accidente eso que haces cuando acercas el sonido de los caracoles a las cuerdas del piano de cola para que estas se muevan y “canten”?

Eso lo descubrí en casa por accidente. Tengo un piano muy viejo. Y los apagadores, que son las cosas que enmudecen el pedal: si lo pisas se abren y entonces suenan “biiing”. Pero si sueltas el pedal, suena “bomp”. Los apagadores en este piano estaban muy viejos y no funcionaban. Un día, tomé el caracol y lo toqué junto al piano; sólo un poco pero lo escuché: las cuerdas atraparon la vibración. Entonces pisé el pedal y toqué… y “oh, wow”. Me dije: voy a encontrar la manera de hacer música con esto. 

¡Fue un gran accidente!

A veces las mejores cosas pasan por accidente, ¿sabes? Reconocí que era un hermoso sonido. Me gustó también porque no es un efecto electrónico y todo eso; es algo natural y se siente diferente por ello. 

Para mí, la música es sobre feeling, eso es más importante que la técnica. Ahora, la técnica importa, pero yo no baso mi música en ella. Practico la técnica todos los días, excepto cuando debo viajar. Al tocar no pienso en ella, escucho el sonido e intento que algo hermoso suceda.

¡Y lo logras!

Incluso pasa con el trombón… Yo hago mi propio caracol, preparo la boquilla para que sea como la del trombón, así utilizó el mismo labio; pero, el caracol es distinto. El caracol toma más aire, demanda mucha energía; pero tiene un registro limitado, así que tengo que contar mi historia con ritmo y armonía simple. El trombón toma más enfoque, más precisión y más delicadeza; está hecho de metal. En cambio, el caracol estuvo vivo alguna vez. Creo que existe una conexión también con las congas, no el Lp de plástico, sino las congas reales hechas con piel de animal… eso también estuvo vivo alguna vez; la piel estaba viva, la madera fue un árbol, estaba vivo. Hay una conexión.

¿Recuerdas estos discos que hice para Verve en los 90? Sanctified Shells, Rhythm Within, luego Steve Turre; ese sonido con las congas es muy especial.

Háblame un poco sobre tu relación con Ray Charles, hablas mucho de él y de J.J. Johnson. ¿Ellos son tus favoritos?

Ambos, en diferentes periodos de mi vida. He tenido distintos mentores. El primero fue Rahsaan Roland Kirk; después Ray Charles, con quien tuve mi primer gran concierto y viajé por el mundo, con él vine por primera vez a México, a Europa. Ray Charles estaba muy adelantado a su época, él tenía su propio avión durante los 60; tenía su propio autobús de giras, tenía su propio estudio de grabación, su propia compañía de producción, su propia agencia de booking, ¡todo!

Él era todo, además de ser un gran genio como músico, también fue un hombre de negocios. Su música tenía mucho feeling y eso me tocó más que nada. Él trabajaba muy duro, se quedaba siempre en la gira. Hay un video llamado “Ray Charles and the Holy Land” en Israel, aparezco en un solo con la banda.

Durante el tiempo en que descansábamos, yo regresaba a la Área de la Bahía de San Francisco. En un momento de esos, conocí a Woody Shaw, un gran trompetista con quien después trabajé en extenso. Woody Shaw me presentó a Art Blakey, toqué una canción para Art Blakey y me dijo: “intégrate a la banda”; él me llevó a Nueva York en 1973, ahí he estado desde entonces. 

Woody Shaw fue mi gran mentor; después Dizzy, McCoy Tyner… aprendí mucho de McCoy Tyner, ¡profundo! ¡profundo! Hay mucha gente con la que he sido bendecido por tener la experiencia de trabajar con ellos; y aprendes cosas de una manera que no es formal, pero sólo estar ahí, escuchar de dónde viene la música. No es como en las escuelas con notas escritas y precisión calculada. 

Yo sé que se relaciona con conocimiento, pero lo que haces se siente como magia.

Mucho de ello es energía. Debes tener energía. Es diferente para mí si la gente me llama para un trabajo para tocar música eléctrica, la toco, debo trabajar, a veces me gusta. Pero es distinta que la acústica porque con esta los instrumentos y el sonido vienen de la persona que toca. Cuando toco el trombón siento mi fuerza de vida, mi energía, mi cuerpo y espíritu salen a través del instrumento; no pasa por un amplificador y después por muchos efectos para suavizar el sonido, o equilibrarlo y hacerlo bonito… viene de mí. Si eres honesto, no siempre será perfecto, pero el sentimiento es perfecto porque es honesto.

Recuerdo cuando me uní a Art Blakey, yo era muy joven y ellos eran maestros más grandes. Estaba emocionado, pero también tenía miedo. Era un nivel muy alto y yo quería tocar así también. Un día, Art Blakey me dijo que yo le caía bien porque cometía errores a veces y eso le permitía saber que yo estaba siendo honesto; porque si nunca cometes errores, quiere decir que no eres honesto porque has predeterminado lo que tocarás.

Parte de la magia del jazz es que si cometes un error a veces, ocurre algo que no pretendías, lo cual pasa, tienes entonces que usar tu intuición para llegar rápido a una solución, ¿sabes? Y lo arreglas de ese modo, rítmica o armónicamente, hacia un lugar bello. Aprendes de esta forma, todos aprendemos de nuestros errores.

¿Cuándo decidiste comenzar a componer?

La primera cosa que escribí para Big Band fue en mi primer año de la Universidad.

Eras muy joven.

Sí, sí. Y sigo aprendiendo al respecto porque hay gente como Duke Ellington, Thad Jones, Frank Foster… ¡hombre! lo que escribían era increíble.

Es muy importante ser político cuando tocas jazz, porque esta es música que une a la gente, plantea igualdad, derechos humanos… y tú sigues haciéndolo.

Es muy importante. Mira lo que sucede hoy en el mundo. Mira a este tonto que tenemos como presidente en los Estados Unidos, Inglaterra, Israel…

¡Mi país!

Es como Trump… no se trata de Dios o del espíritu del amor, es sobre territorio y dinero.

Me gusta que hables de esto.

Y creo que toda la gente merece respeto, y tenemos que respetar nuestras culturas también, porque creo que el capitalismo está intentando hacer con el mundo es borrar todas las culturas y hacer una sola que rinda culto al dinero y el dinero no te hará feliz. No me importa cuánto tengas, no puedes llevarte las cosas que compres a la tumba. Cuando te vas, te vas. No es malo tener dinero, todos lo necesitamos, pero si tienes mucho es bueno compartirlo con la gente.

No creo que sea necesario conquistar pueblos en estos tiempos. ¿Por qué sigue existiendo esta mentalidad de “quiero tu petróleo”… “quiero tu tierra y si no me la das, te mataré o te forzaré económicamente”, como lo hace el Fondo Monetario Internacional (FMI), ¡es una broma! Todo lo que le hacen a los países del tercer mundo para arruinarlos… es capitalismo.

No hay razón por la que la gente tenga hambre, todos debemos tener educación, acceso a la salud y un techo.

Ahora, cambiando hacia algo más feliz… Haz tocado durante años en Saturday Night Live, que es uno de mis shows favoritos de siempre. Platícame un poco sobre esta experiencia.

Toco en la banda de la casa, pero también tienen un artista distinto de visita cada semana y se trata de quien sea que tenga un álbum muy vendido.

Sí, no te mentiré, no amo esas decisiones a veces…

¡Yo tampoco! Me pregunto de dónde sacan a esta gente… bueno, es porque tienen dos millones de visitas en YouTube, ¿y eso qué?

Siempre es buena comedia, se burlan del presidente, disfruto eso.

¡Esa imitación de Alec Baldwin!

¡Sí! ¡Es muy graciosa!

Amo el show.

Es un trabajo divertido porque cuando no estamos tocando, nos estamos riendo.

¿Hay algo que te gustaría agregar o decirle a la gente de México?

Necesito trabajar mi español. Conozco algunas palabras y puedo defenderme, pero… ¿sabes? Aprendo sobre mis raíces cada vez que vengo, cada vez se abren nuevas puertas para mí y me siento como en casa.

¡Estás en casa!

Recuerdo que mi abuela solía hacer tortillas, tamales… ¿Sabes? mi mamá y papá se conocieron en un baile de Count Basie, durante la época en que la música de big band era para ir a bailar. Aparte del jazz, también tuvimos mariachi, pero no hay trombón en el mariachi, que sí lo hay en el jazz. No fue hasta después que descubrí la música afrocubana y realmente me gustó también.

Debes saber, Steve, cuando dejo de pensar vienen a mi mente lapsos del concierto que mencioné al inicio de esta entrevista… hay un momento en que tocas los caracoles con Dizzy y esas frases son recurrentes para mí. Te digo esto porque realmente me hace feliz estar aquí contigo. ¡Muchísimas gracias!

*Gracias especiales a Jazzatlán Capital por permitirnos llevar la entrevista en sus lindas instalaciones.

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