Notas de un crisol sonoro: Festival de Jazz Nuevo León 2021

Por: Estefanía Romero

El Festival de Jazz Nuevo León vibró en el 2021, tras viento, marea… y coronavirus, porque al público de este estado sí le gusta el jazz. Fui testigo de cómo un grupo de personas unieron sus cualidades y esfuerzos para generar apoyos apenas a unas semanas de lanzar la alineación de este año. En retrospectiva, se logró un crisol de experiencias musicales.

En este artículo les platicaré un poco sobre lo que ocurrió en los conciertos magistrales (sin tomar en cuenta algún orden en particular) que tuvieron como casa el Auditorio San Pedro; además del concierto de Armando Cruz, que fue grabado por y para el festival, en la Ciudad de México.

 

Psicodrama Band

Este concierto/homenaje abordó parte de la obra de Oscar “Zensei” González, fundador de Psicodrama y del FJNL. Este compositor brillante dio lugar a un complejo de todas las cosas que le gustaban (Bach, Beethoven, Charlie Parker, el funk, el rock), pero transformadas a sí, quizás por eso es que él mismo se decía “un artista muy de su tiempo”. En sus temas encontramos los laberintos del lenguaje armónico del bebop y la música clásica, algunos brochazos de Avant-garde (muy medidos), y la claridad del funk, el rock, la bossa nova y el bolero.

Psicodrama Band. Foto: Eduardo González.


Más allá del Zensei, cada miembro de Psicodrama tiene un mérito muy especial. ¡Urge que coloquemos al maestro Azael Escobedo como un genio mexicano del bajo! Su hazaña se traduce en una perfección técnica y creatividad que pocas veces podremos encontrar. Más allá tenemos a Javier Garagarza, quien con efusividad en la batería logra matices, control de volumen y caminos extraños, pero coherentes en cada discurso que crea. Alabemos la novedad, pero con el rigor de un sentido. 

 

Psicodrama Band. Foto: Eduardo González

 

Al piano, Oscar Keys sorprende con sus brochazos de impresionismo; se me hace como un Bill Evans que matematiza, pues se nota toda la consciencia con que aborda el toque de cada una de sus notas, sin importar la velocidad con la que desempeñe un tema. Es también muy lúcido de sus disonancias, las cuales aprendimos en la época del bebop desde Thelonius Monk. Escucharlo en vivo con Psicodrama Band genera una impresión muy particular, ya que es capaz de hacer un ragtime y mezclarlo con todas las armonías del jazz moderno, con lo que evoca una navegación por distintas épocas. Finalmente, Ariel López al oscilar entre géneros (cool jazz, bebop, smooth jazz…) e instrumentos (distintos saxofones y flauta), nos demostró que también camina por las eras musicales. 

 

 

Me encantó una idea que ocurrió en “Silphus” (la plétora de la velada), un tema de bebop aceleradísimo. Aquí tocó el sax soprano con bajo al unísono, creando un timbre particular, y con la batería y piano contrastando al fondo. Tanto la composición como la carga de improvisación demuestran una visión muy nítida del tejido que estaban logrando. Oscar Zensei alguna vez me dijo sobre Garagarza: “yo tengo una comunicación mental, telepática, con él, no hablamos”; y creo que esto se debe a que Javier es un gran conversador musical.

Psicodrama Band. Foto: Eduardo González

 

En fin, quizás porque Oscar Zensei compuso las obras considerando su propia participación en la guitarra, fue evidente el vacío de su sello tan particular. No obstante, me encantará ver continuar a este ensamble, escucharlos moverse hacia otra etapa en la que maduren una personalidad ya sin Oscar Zensei, dado el brutal potencial que tienen en sus manos.


La Prensa Band

Todo festival de jazz contiene una parte “más ligera”, con derivados populares del jazz. Estos suelen ser funk, pop, baladas jazzeadas, etc. En esta ocasión, La Prensa Band fue elegida con ese objetivo y como un vehículo para conectar con audiencias más jóvenes; debo admitir que su aporte era el que menos me emocionaba a priori (no me malentiendan, me encanta el funk, pero esto pasa cuando te llevas decepciones una y otra vez con conceptos que abordan las mismas promesas y no las saben cumplir); sin embargo, La Prensa me dejó boquiabierta, cantando y bailando.

La Prensa Band. Foto: Gina Meléndez.

 

Se trata de una banda con propuesta, lo cual es muy importante para trascender y bastante difícil de ver en estos tiempos; en definitiva, son los únicos que sonaron de manera natural a Nuevo León. Mostraron sus composiciones originales, así como algunos arreglos de temas clásicos de la cultura popular; todo muy bien logrado, sobre todo en términos de melodía y expresión.

 

Foto: Gina Meléndez.

 

La Prensa Band integra una identidad de avanzada regia, con pop, blues y funk, y dan lugar a una entidad muy particular que emociona y toca en verdad a su audiencia. Los asistentes salieron fascinados. Además, a pesar de ciertos detalles propios de la experiencia en vivo, tienen al cantante de funk más afinado (y con carácter) que he alcanzado a escuchar en México. ¡Bravo!

 

Síncopa Jazz

La maestra Odalys Villavicencio es una joya. Su trabajo como compositora, arreglista y directora al frente de Síncopa Jazz es ejemplo de muy alto nivel. Su tema “Tsunami” nos desgarró, fue la cúspide de todo el festival; se trata de una narración sonora que lleva en sí una colocación de melodías, motivos, tímbricas, ritmos e improvisación, bastante calculada y muy equilibrada.

Odalys Villavicencio. Foto: Eduardo González


En general, Síncopa tiene de base a distintas músicas cubanas (danzón, chachachá, son), y toma del jazz tanto el lenguaje armónico así como la improvisación, con lo que da una sensación que más allá del baile, motiva hacia una meditación profunda.

Síncopa Jazz. Foto: Eduardo González


El temperamento e inventiva de cada uno de los ejecutantes permitió que la obra de Odalys tomara rumbo y se elevara hacia su mejor interpretación.
Ariel Lopez (sax), Rudi Cervantes (percusiones), Noel Savón (percusiones), Omani Sánchez (batería) y Sergio Raveiro (bajo), cargados de energía y sentimientos, desdoblaron una variedad espectacular se colores y sabores hacia nuestros oídos. Nos cargaron también de motivos sonoros de las tribus de los yoruba y los kongos, de África, hasta sambas… Alejandro Cervantes apareció de repente y nos soprendió al agregar su violín a la marcha. 

 

Síncopa Jazz. Foto: Eduardo González 

 

Como dice la misma Odalys, el objetivo es mantener la visión de romper estructuras para ir siempre  hacia una nueva perspectiva de la música.

 

Ensamble de Percusiones de Monterrey

Hay que ovacionar los logros: el hecho de tener una banda tan equipada (marimbas, xilófonos, batería, campanas tubulares, crótalos, congas, bongos, timbales cubanos, bajo, piano, etcétera), y la peculiaridad de lograr ensayos con todo lo que algo así implica. En efecto, esto amerita un esfuerzo, inversión y constancia de años. Así, el maestro Mike Tovar trabaja muy bien su objetivo de dar protagonismo a las percusiones para alcanzar un sonido poco común, pero sí muy atrayente en la música.

Ensamble de Percusiones de Monterrey. Foto: Eduardo González


No obstante, hay que reconocer que hay días en los que se tienen mejores presentaciones que otros. En este concierto, aunque se tuvo una elección oportuna de repertorio (arreglos de Pat Metheny, Béla Fleck, Dave Brubeck, Duke Ellington, Arthur Lipner…), los integrantes del proyecto, si bien dieron una ejecución virtuosa, precisa y clara, flaquearon en términos de expresión; esto dio lugar a una gran desconexión con su público, comentario que escuché de muchos asistentes, lo cual me corroboró que no se trató de una impresión nada más mía.

Ensamble de Percusiones de Monterrey. Foto: Eduardo González


La solución tiene dos vías, estos músicos tienen que trabajar en: 1. conocer, meditar y comprender los contextos en los que se generó cada pieza, para sumergirse en el alma de las composiciones y entonces lograr proyectarla, a través de sus propias personalidades como sujetos y, luego, como banda; así como 2. Tener una dirección mucho más clara y fuerte. Con esto no me refiero a que se pongan a gritar, sino a hacerse conscientes de la importancia de manejar discursos a través de la música. Esto permitirá al ensamble ver más allá de la estrategia técnica, para enfocarse también en desarrollar una cadencia sensitiva; esto es justo lo que separa al deportista del artista.

Ensamble de Percusiones de Monterrey. Foto: Eduardo González

 

 

Edgardo Méndez y Jazzón

Un montón de Cuba y Brasil con sabor a Veracruz. Este concierto me recordó la motivación sónica que me despertó el amor por el jazz, al crecer en Xalapa.

 

Edgardo Méndez. Foto: Eduardo González

 

Fue un concierto de virtuosos que desarrollaron desde cubop (con un arreglo de la famosa “Manteca” de Dizzy Gillespie con el cubano Chano Pozo), hasta salsa brasileña, boleros, bebop y composiciones originales del maestro Méndez, quien mostró excelencia técnica tanto en su desenvolvimiento pianístico, como en los arreglos y la dirección de esta banda que, aun siendo un trío, lleva en sí la carga sonora de un ensamble gigante.

Jazzón. Foto: Eduardo González

 

Armando Cruz Trío

Un concierto de bebop y hardbop puros. Este último es una suerte de evolución del bebop, por lo cual comparten características muy claras, como el lenguaje armónico; la diferencia más grande es que el hardbop suele ser más melódico, “más claro”.

Para entender estas piezas es preciso presar atención principalmente a los instrumentos como si estos estuvieran teniendo un diálogo entre sí. Escuchar la voz de cada uno de ellos y después unirse a la conversación completa. La comunicación como la que apreciamos en el Armando Cruz Trío es fundamental para cualquier banda de jazz que quiera llamarse profesional. Notarán en ella que todos los instrumentos son protagonistas y que, sin la necesidad de gritar, cada uno tiene una personalidad propia que va más allá del sonido. Tomen nota de las dinámicas, de las variaciones, todas dignas de maestros que conocen bien su instrumento.

 

Algo que suele ocurrir en las improvisaciones jazzísticas, es que estas incorporan pequeñas melodías de los clásicos del género; lo cual representa homenajes, pero también habla musicalmente de contrastes significativos, ya sea que el público las reconozca o no.

Integrantes: Rodrigo Castelán (en este concierto toca el piano y la guitarra, pero su principal instrumento ha sido el bajo eléctrico), y Juán Manuel Guiza en el bajo.

 

Morpheus Band

Con el pianista y compositor Oscar Keys al frente de este proyecto, tenemos una confección contundente (me gustaría llamarle “regia” por el peso y la belleza que emana en las teclas), la manifestación de un color muy claro, ritmos disímiles, cadencias tendientes hacia el ragtime, pero también a las blue notes y a giros de jazz moderno e impresionismo, como comenté arriba. El espíritu de Oscar es libre y conmovedor, a la vez que introspectivo e inteligente.

 

Oscar Keys. Foto: Eduardo González

 

En este concierto apareció Silvia Cantú como invitada. Es la primera vez en mucho tiempo que escucho en México una cantante en general afinada y, sobre todo,  que realmente sabe escuchar a sus compañeros músicos (esto refleja compromiso y respeto tanto a ellos como al arte mismo); por lo tanto, los dinamismos, volúmenes, vibratos y demás matices que incorpora con su voz son cautivadores y coherentes con lo que ocurre a su alrededor. Nunca escuchamos instrumentos estorbándose entre sí, todo lo contrario: ¡son compañeros de verdad! Cantú tiene la capacidad de navegar con maestría entre sílabas e intervalos musicales, y conoce el lenguaje jazzístico, sus scats están bien hechos y, combinados con el hermoso timbre que tiene, son en absoluto electrizantes. Su proyecto como solista es muy atractivo, escúchenlo.

 

Silvia Cantú. Foto: Eduardo González

 

Este concierto de Morpheus, gracias al profundo trabajo de composición de Keys y al alto desempeño improvisatorio de él y sus compañeros, los maestros Juan Pablo Yáñez (bajo), José Aguirre (batería) y Silvia, reveló muchos paisajes oníricos que vale la pena seguir explorando.

 

Morpheus Band. Foto: Eduardo González


El FJNL 2021 presentó también varias jam sessions (¡apenas pude estar en la mayoría porque me traían corriendo de un lado a otro! Aun así…), de donde pude rescatar algunos nombres que me dejaron boquiabierta, pues mostraron que la juventud trae una carga fuerte de conocimiento jazzístico e interesantes perfiles artísticos para lo que está por venir. Bravo al guitarrista David Roca, al baterista José Aguirre, a la cantante Fany Salazar, al pianista y cantante Isaí Martínez, así como al pianista y cantante Paulo Escobar. ¡Ya quiero escuchar más de sus proyectos!

 

José Aguirre. Foto: Eduardo González