
Por: Estefanía Romero
Foto: Pepe Quintero
Carlos Fuentes dibuja sus historias en el aire, les da vida con las manos al piano y los ojos volcados hacia sus recuerdos; se trata de un jazz cat que abraza la tradición e historia del género musical, con un fuerte sentido de la melodía y la narrativa, por lo que bien pudiera ser “el último romántico”, tal y como se le conoce en su círculo creativo.
A pesar de ser homólogo, no me refiero al famoso escritor que ya se nos ha ido, sino al pianista y compositor que se enciende al conectar con su instrumento, a la vez que dirige con pasión y arduo trabajo la labor de su trío de jazz. Hablo del artista con una ética de trabajo impecable: destacan su disciplina, así como el fervor y la devoción que él mismo siente por su profesión.
Tuve la fortuna de ser invitada a visitar Rosario Estudios, el lugar donde brota la inspiración de Fuentes. En dicho espacio, platiqué con él, exploramos su visión, el peso de su extenso recorrido musical, así como las promesas con que nos presentará el muy esperado concierto “Huellas de mis memorias”.
En este evento, Carlos Fuentes Jazz Trío presentará obras de la autoría de Fuentes, así como temas clásicos del pop de los años 80 y 90 ¡arreglados en jazz!, invitados de lujo y sorpresas que nos tienen vibrando por la expectativa.
El concierto “Huellas de mis memorias” del Carlos Fuentes Jazz Trío
tendrá lugar el 20 de marzo del 2025, a las 20:00hrs,
en el Centro Cultural Plaza Fátima.
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Entrevista con Carlos Fuentes,
28 febrero 2025
Estefanía: Carlos, estás por presentar al fin el concierto. Llevas mucho tiempo trabajando en este proyecto, con mucho amor, mucha pasión, mucho detalle. ¿Qué podemos esperar de él?
Carlos: El concepto del trío no es solamente tocar el jazz tradicional que, por cierto, me encanta. Todos los que decimos tocar jazz, empezamos por el jazz tradicional: Oscar Peterson, Bill Evans, Art Tatum, Spyro Gyra, Yellow Jackets…
Hemos trabajado con mucho ahínco. Este concierto, que se llama “Huellas de mis memorias” y exactamente viene a ser eso: las huellas de temas que a lo largo del tiempo me han llegado más al corazón.
Estoy interpretando temas de música mexicana; alguna que otra sorpresa, ¡que no la puedo decir; hay música mía y música pop… ¿quién no creció con el pop de los 80, 90? Escucharemos música francesa… es como una síntesis de todo lo que he hecho a lo largo de mi carrera.
E: ¿Cómo se gestó el Carlos Fuentes Jazz Trío?
C: Dentro de la pandemia. Mi esposa y yo empezamos a hacer el proyecto desde hacer música a piano solo y era bonito porque estábamos encerrados y yo hacía tres conciertos por semana, con saxofón. Más adelante creé un trío con dos músicos muy reconocidos en Monterrey: el maestro Raúl Ramos, contrabajista y bajista; y el gran maestro Raúl Carmona.
Cuando el maestro Carmona decidió seguir con su proyecto, lo cual se me hizo muy padre, lo que hice fue llamar al maestro Fernando Rodríguez, “el Teacher”, después vino el maestro Ricky Martínez. Desde hace dos años hemos trabajado arduamente. Ensayamos los martes y jueves a partir de las 5 de la tarde hasta morir.
Es muy padre porque, más que un ensayo, es un laboratorio en donde tenemos todo el tiempo para definir métricas, dinámica, acentos… Nosotros estamos muy ocupados en llevar toda esa musicalidad y ahora lo queremos presentar al público, después de dos años.

E: Los grandes jazzistas tenían este tipo laboratorio, como aquellos que se juntaban en bares de NY… eso hacen ustedes. Ahora, varios jazzistas me han dicho que entre amigos se toca mejor… creo que ustedes son buenos amigos por la comunicación que se ve entre ustedes en el escenario y por la conexión que logran con su audiencia.
C: Definitivamente, porque esto es totalmente del corazón. ¿Qué le vamos a entregar a la gente? Esto está hecho con mucho cariño, mucho amor, entre nosotros. Ustedes van a experimentar esa complicidad, porque nos vemos, jugamos, jugueteamos, nos reímos, porque nos queremos mucho.
El contrabajista de Bill Evans, Scott LaFaro, murió de un accidente a los 25 años, y Evans no quiso tocar con nadie. Fue un periodo sabático de Bill Evans, porque sí era delicado con quién tocar. No puedes tocar con alguien que no siente lo mismo que tú.
Nosotros tres nos apreciamos, nos ayudamos. Son músicos super comprometidos con el proyecto. No se trata de venir a ensayar y pasarla… ¡se trata de hacer música!
Va a ser una experiencia de mucho cariño, de mucho amor.

E: ¿Cómo llegaste al jazz?
C: Crecí con mis abuelos. Mi abuelo era pianista, era invidente, estudió 25 años música, durante12 años estudió guitarra clásica y después estudió piano clásico. Fue un tipo que tocaba danzón, folklor, música sacra… pero era clásico.
Y yo, de cero a los 10 años, solamente escuché música clásica: desde Brahms, Tchaikovsky, me encantan Rachmaninov, Debussy, Bach, Mozart, Liszt, crecí con ellos; para mí, eran prácticamente mi desayuno, comida y cena, porque mi abuelo siempre los ponía, siempre había música en la casa. Aparte, él daba clases de música.
Él me descubre tocando guitarra y piano; yo era el único músico de toda mi familia. Hizo prometer a mi abuela que yo no sería músico; “porque los músicos sufrimos mucho”, él decía eso, tenía esa experiencia.
Cuando él muere, yo empiezo a escuchar música popular. Sin saber de música, la escuchaba vacía. Yo decía “es que son bien poquitos tonos”. Empecé a estudiar guitarra de manera empírica, después de que mi abuelo murió. Hasta que cumplí 13 años, un tipo llegó con un casete de un grupo que se llamaba Coinonía, con Abraham Laboriel, Justo Almario, Alex Acuña y toda esta gente… y cambió mi vida.
Yo decía “¿dónde más hay de esa música?”. Soy de Ciudad de México, me acuerdo de que había una estación, Jazz FM. Yo tenía mucha hambre y no había mucho.
De ahí, tuve mi formación académica, pero siempre con influencias jazzísticas.
Alguien me dio un casete de Chick Corea [indica con una voz de profunda reverencia], recuerdo que me tardé un mes en escucharlo, porque no le entendía, porque era muy complejo y ácido, ¡no es nada romántico! Y yo tengo una tendencia muy romántica. Me costó un mes escucharlo. Pero alguien me dijo “cuando puedas escuchar este casete, puedes considerar que te gusta el jazz, ¡no que eres jazzista!, sino que te gusta el jazz”. Lo escuché y ¡no, no, no! ¡me enamoré de Chick Corea! Creo que rompí la cinta de ese casete.
Cuando descubro a Bill Evans me pasó algo muy curioso. Crecí con música y lo primero que digo es: Bill Evans es Debussy. Me enamoro de Bill Evans y, como guitarrista, Joe Pass se me hacía increíble.

E: Tuviste como mentor a Enrique Nery.
C: Él cambió mi vida, definitivamente. Cambió mi manera de ver la música. Yo ya venía del jazz, ya había venido del Marrakech, de acompañar a Alberto Castro, Camilo Sesto, Roberto Carlos… Trabajé en Televisa, acompañé a mucha gente, pero algo me faltaba.
Cuando llego con Enrique Nery, éramos 25 pianistas y nos decía “los narcopianistas”, nunca supe por qué. Pregúntale a Mario Patrón, a Víctor Patrón y mucha gente que ahora son pianistas reconocidos.
Fue en la época del 95, el error de diciembre del 94, y no teníamos dinero, de verdad, los músicos estábamos tan mal, al menos yo no tenía ni qué comer. Una vez no fui a la clase y que me habla Enrique Nery: “Qué pasó con la clase?” No pues es que no tengo dinero ni para ir, ni para comer. “No te preocupes, yo te mando un taxi”. Los últimos tres meses de ese año, él me mandaba taxi, de ida y vuelta para la clase, y me daba de comer en su casa. Iba tres veces por semana, cómo no querer a alguien así. Pero, además, los conceptos musicales, el poder entender los colores, los sabores de la música. Él fue el que me enseñó el paralelismo del arte, entre lo que es la literatura, lo que es la pintura, la música… Cuando voy a Madrid voy al Museo del Prado, veo a Goya, a todos estos grandes artistas, los puedo entender porque estamos muy unidos con la música. Entiendo a Van Gogh, lo relaciono con Bill Evans, con Debussy.
