
Por: Diana Sarahí Acosta [Ig: @dianasacv]
El magno concierto ¡Échate una sinfonía! tendrá lugar los días 2 y 3 de septiembre, a las 20:00hrs, en el Teatro de la Ciudad, de Monterrey.
Se tratará de una noche de estrenos musicales, donde los compositores de las obras brillarán también en el escenario: Alonso Julián será también pianista solista; Sergio Martínez estará como cantante solista; y Miguel Almaguer dirigirá la orquesta.

Tuve la oportunidad de platicar con Alonso Julián, en entrevista, para conocer más sobre su concepto artístico y sobre el gran esfuerzo que implica echar a andar un gran concierto sinfónico como el suyo… y esto fue lo que me encontré:
Originalmente, la propuesta “¡Échate una sinfonía!” llevaba por nombre “Regio Sinfónico”. Sin embargo, este último título para el concierto despertaba dudas, considerando que existió la llamada avanzada regia, un movimiento musical ligado a agrupaciones como Control Machete, El Gran Silencio, Plastilina Mosh y otros grandes referentes del pop nacido en Monterrey. Al temer la posibilidad de que esa asociación confundiera al público, se decidió buscar otro nombre que presumiera la verdadera identidad que une las obras de Alonso Julián, Sergio Martínez y Miguel Almaguer.

Como cuenta Alonso Julián, los tres compositores ven a ¡Échate una sinfonía! como una fiesta:
¿Qué es lo que más une a un regiomontano? Una carnita asada. Todo fin de semana se enciende un asador en Monterrey. De esa imagen nació el juego de palabras: “Échate una carnita asada, Échate una sinfonía”. Después de varias preguntas, de pensar y escribir, así fue como se llegó al nombre definitivo.
Le pregunté a Alonso Julián ¿Cómo se construye un concierto de esa magnitud? ¿Cuál es el camino para construirlo?
Él responde que es un trayecto largo, y que incluso a escasos días de la función todavía hay asuntos por resolver. Describe el proceso como titánico, con idas y vueltas burocráticas, gestiones con el teatro y tareas tan concretas como pegar flyers o atender detalles que nunca faltan. Subraya que lo fundamental ha sido formar un equipo de trabajo capaz de repartir responsabilidades, lo que ha permitido que todo avance con solidez.
Y en medio de eso, el solista y compositor todavía tiene que estudiar… y trabajar.
Afortunadamente, el proyecto encontró afinidad con “La Súper” Orquesta Filarmónica de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, constituida por alrededor de 60 músicos, e integrada en su mayoría por talento nuevoleonés: maestros, alumnos y exalumnos que dan vida a esta propuesta.
Platícame de este lado creativo. ¿Cómo ha sido trabajar con Miguel y con Sergio, cómo es el diálogo entre ustedes?
Alonso Julián: Con Sergio Martínez tengo trabajando seis o siete años. Inicialmente, él me invitó a trabajar en sus proyectos, en sus álbumes, en su música, y yo comencé a colaborar con él como arreglista, que fue en pandemia. Es interesante trabajar con él porque me da libertades. Yo podía llegar con una pieza y sugerirle cambiarle acordes, o mejor hacer estas transiciones armónicas, o “¿qué te parece si mejor cambiamos de género, que no sea balada, que sea bossa nova, que sea un funk?”. Me da ciertas libertades que se trabajan y resultan ser divertidas.
Y con Miguel, tomar clase con él fue interesante por la manera en que transmite el conocimiento… Le dije que no tenía tiempo, aunque sé que hay que llevar procesos a la hora de orquestar. Me acuerdo mucho de la primera pieza que hice, creo que se la llevé antes de la primera clase y él comenzó a hablarme de cosas técnicas, de los instrumentos, de las secciones de la orquesta. Tres o cuatro meses más tarde, cuando volví a ver lo que le había llevado originalmente dije “no puede ser, ¡qué vergüenza!”. Sí hubo un gran salto. Miguel me recomendó analizar obras; él ama a John Williams y revisamos obras de John Williams, y de otros compositores; vimos cómo orquestaban ciertas secciones, ciertos pasajes. Fue muy enriquecedor el haber tomado clase con él; realmente creo que sí fue lo que necesitaba.

¿Cuál es el significado que tiene para ti estar como solista de tus propias obras?
Alonso Julián: Fíjate que tenía una disyuntiva. Me hubiera encantado estar ahí sentado en el público y estar escuchando nada más. Pero creo que es bien diferente a estar ahí en el escenario también y ser partícipe de tus mismas obras; dije “es que tengo que vivirlo, tengo que vivir esa experiencia”; no por ego, sino por oportunidad, porque no es algo que ocurra tan común, no es algo que ocurra cada mes. Creo que sí, tomé una buena decisión y estoy muy emocionado de poder realizar lo que son sueños. Yo los llamo así, sueños: el de aprender a orquestar, que no me considero un gran orquestador, pero ya sé cómo funciona, ya sé cómo escribir y cada día estoy aprendiendo cosas. Y ahora, el sueño de escuchar mi música y el sueño de tocar con una orquesta.
Alonso Julián comenzó su formación en la música clásica, aunque nunca quiso convertirse en el típico pianista concertista. Tras concluir sus estudios en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, la vida lo llevó a la “calle”, donde conoció el jazz. Ese género lo sedujo con sus armonías distintas y, poco a poco, lo encaminó hacia otro rumbo. Eligió desarrollarse más en el jazz, aunque admite con modestia que no se considera plenamente un jazzista.
Hoy, dice, lo que ha hecho es unir esos dos mundos. Su lenguaje, asegura, es digerible, sin demasiadas locuras al escribir, salvo alguna que otra excepción. Su intención es que cualquier persona pueda escuchar su música y sentirse identificada. Haber tocado jazz, pero también rock, cumbias o reggae, e incluso haber incursionado en el ensamble Flazz Jamenco, una fusión de jazz con flamenco y sonoridades latinas, le ha permitido explorar un lenguaje complejo y distinto. De la mano del percusionista Álvaro Rubio se acercó al flamenco, un universo exigente por sus ritmos precisos y sus métricas difíciles, pero también lleno de armonías místicas que adoptó como parte de su paleta sonora. Esto le permite incorporar elementos de todos esos géneros en sus composiciones, lo cual también significa para él una manera de invitar a cualquiera a acercarse y simplemente escuchar la música.

Entre jazz, huapango y cocina mexicana
Alonso Julián encuentra placer en otra de sus pasiones cotidianas: la cocina. Hablar de música lo llevó inevitablemente a hablar de cocina, una comparación que para Alonso Julián resulta tan natural como “prender el carbón”, tal cual se dice en el norte.
En el jazz, confiesa, la barrera más grande para un músico clásico es atreverse a improvisar. Esa sensación de “no sé improvisar” se rompe con la misma lógica de preparar una comida en casa, no siempre están todos los ingredientes a la mano, pero con lo que hay se puede armar un platillo que resulta sabroso. Así ocurre con la música. Para él, improvisar es usar lo que ya se conoce, condimentarlo como quien agrega sal o pimienta, y evitar experimentar con lo que nunca se ha probado. Claro, el camino también exige estudio, práctica en casa y escuchar mucha música, elementos que lo fueron preparando junto con el aprendizaje de otros profesionales.
La cocina, de hecho, se convirtió en inspiración directa.
Me encanta cocinar. Tengo una pieza que se llama Chilaquiles, con la que vamos a cerrar el concierto. Es un huapango en 6/8 donde trato de unir ambos mundos, el del concierto con lo popular, e incluso hay una sorpresa a mitad de la pieza. Me inspiró un poco la obra de Moncayo, su conocido Huapango, y sobre todo, en lo regional de Monterrey.
Alonso Julián recuerda que, en 2020, mientras componía, se preguntaba qué significa hacer música mexicana: “Lo que escribo suena a jazz, a latin jazz… eso no es mexicano”. Miguel Almaguer le respondió: “Lo que haces ya es música mexicana, solo por el hecho de que tú eres mexicano”. Desde entonces comenzó a investigar géneros del norte y decidió escribir este huapango como un homenaje a la comida de México y, sobre todo, a uno de sus platillos favoritos: los chilaquiles.

¿Hay elementos del jazz que incorporaste a esta obra?
Alonso Julián: Sí, sí los hay: armonías del jazz. Fíjate que hablando con Miguel, me decía “Uy, va a estar un poquito difícil que esos acordes suenen, porque los músicos orquestales mexicanos no están tan acostumbrados a esas armonías de jazz, a esos cambios”. No es que no lo puedan hacer, sino que es difícil darles intención, que fluyan esas armonías como tú las quieres. Es un buen reto.
El músico mexicano normalmente no tiene esa iniciativa, por así decirlo, de tocar o escuchar jazz. Como que sí está muy separada la línea de “yo soy músico clásico y escucho música clásica”. Y sí, te encuentras amigos que tocan en orquesta y abren un poquito más su mente, y tocan otras cosas, o al menos las escuchan. Entonces sí, mi obra sí tiene elementos de jazz, elementos de música de concierto también, y elementos de música popular. Trato de fusionar todo eso ahí en las piezas.
¿De qué compositores encuentras mayor inspiración en tu música?
Alonso Julián: La influencia que siempre he tenido es Debussy, creo que sí se va a escuchar por ahí en algunos pasajes. Brahms y Bach siempre han sido de mis principales influencias, y un poquito de Stravinsky.
Del jazz me gusta mucho un pianista, Robert Glasper. La música y la armonía que usa él son geniales, me gustan mucho. Ya hay muchos pianistas que lo hacen, pero él fue el primero que descubrí y de ahí me agarré. Comencé a copiar cosas en la manera de colocar acordes; de ahí vino también todo un reto: una cosa es tocar ciertas armonías de una manera en el piano y otra cosa es hacerlo en la orquesta. Cuando comencé a escribir en lenguaje orquestal dije: “tengo toda la hoja para escribir un acorde, ¿cómo le hago aquí?”. Y ya fui entendiendo cómo acomodar ciertas secciones; por ejemplo, los metales, las maderas; entendí cómo suena cada cosa y cómo podía encajar el acorde.

¡Échate una sinfonía! se llevará a cabo gracias al haber sido seleccionado como ganador del Estímulo Fiscal a la Creación Artística (EFCA), de CONARTE.
Alonso Julián, quien adapta lo cotidiano en sus composiciones, nos invita a escuchar la música sin dejarnos llevar por etiquetas o géneros. Reafirma que algo tan simple como escuchar abiertamente es, en realidad, lo más difícil.
Vamos a ¡Échate una sinfonía!, una gran oportunidad para descubrir la música de nuestros autores mexicanos vivos.
