Alex Mercado: Del jazz y sus simbiosis

La necesidad de acercar el arte a las personas

“Como cualquier manifestación artística, es importante que la gente, primero que nada la conozca, sepa que existe y se familiarice con sus características principales, que la escuche y que le dé la oportunidad de modificar o enriquecer su vida de otra manera. Otra de mis posturas es no separar las diferentes manifestaciones artísticas, por eso me gusta considerar al jazzista como un artista principalmente, más que como el representante de algún estilo en particular, de tal manera que la gente entienda que es una vertiente del arte universal, es una versión diferente del arte global. Muchas veces las separaciones estilísticas alejan a la gente porque le dan a los estilos un estigma, ya sea de complejidad, en el caso del jazz; o de simplicidad, en el caso de la música popular, de la música folclórica. Estas separaciones provocan prejuicios que impiden que la gente se acerque a la música de forma natural y que pueda juzgar basada en su propia experiencia si la música le va a gustar o no. Entonces, veo que más allá del jazz, yo tomo la bandera del arte universal y elijo el jazz, porque es a lo que me he dedicado toda mi vida, porque tiene un elemento de improvisación que le distingue de los demás géneros, este elemento es predominante, permite que el intérprete pueda conectarse directamente con el escucha y que pueda haber una comunión auténtica y genuina por resolver este problema de la manifestación artística de una forma espontánea. Creo que esta espontaneidad es lo que distingue al jazz y por eso creo que la gente debe de conocer, pero no, ¡insisto! Como una forma en particular, sino como una parte del arte universal”.

Jazz: Fragmento del arte universal

“Me gusta mucho reflexionar sobre la experiencia del ser humano ante la realidad y cómo la percibe y cómo esa percepción puede determinar los caminos, incluso los sistemas sociales, ya sea el exceso o falta de percepción que es, creo, lo que ha determinado que el mundo haya llegado a este punto: la falta de consciencia del ser individual y cómo el ser individual embona en el colectivo. Por eso la música que compongo siempre tiene un sustento relacionado con otros conceptos que no siempre son musicales, sino son científicos, universales, filosóficos o metafísicos para que precisamente mi música no sea catalogada como jazz, sino como música principalmente”.

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Symbiosis: La codependencia entre el artista y el espectador

“Esa simbiosis que existe entre el artista y el espectador es la que podría suceder entre dos personas o entre dos entidades del universo. Hice énfasis en esta relación de codependencia entre el artista y el espectador. El artista, muchas veces siente que está sólo contra el mundo y no toma en cuenta a su espectador, que es el que le da valor a lo que está haciendo. Symbiosis es una consecuencia del concepto de The Watcher, habla del observador, en la física cuántica, el individuo que crea su propia realidad y que es responsable de hacer su propia realidad. Pongo sobre la mesa el concepto de la percepción compartida, misiones compartidas: tanto del artista que está manifestando sus experiencias a través de la música como el espectador va a interpretar esa experiencia de acuerdo a la suya propia, es como si cada uno de los espectadores viera la obra a través de un cristal diferente, un cristal que a veces magnifica detalles de la obra o que a veces los modifica completamente; incluso puede llegar a decir que el espectador puede, ya sea validar la existencia de la obra o aniquilarla, porque en el momento en que no pone atención a la obra, está pensando en otra cosa, en ese momento todas las notas que yo estoy tocando no importan para esa persona, es como si no existieran. La obra se vuelve como un organismo vivo que va adaptándose a la experiencia de los espectadores; en ese sentido no se puede hablar de una versión absoluta de la obra, una versión estática, sino que está en constante movimiento. Symbiosis es una continuación de eso: el artista no podría existir sin el espectador y tenemos que respetarlo, darle su lugar. Esto no tiene nada que ver con las concesiones: los gustos están condicionados por el sistema, el artista debe estar firme a sus convicciones estéticas y exponerlas de una manera honesta con el espectador, pero siempre tomando en cuenta su visión, su perspectiva y tratando de moldearla también.

En México nos topamos con públicos que nunca han escuchado jazz, no están familiarizados con el estilo, entonces entre más honestos seamos en esa manifestación, más impacto vamos a tener y vamos a lograr que a la gente le guste el jazz, vamos a lograr conquistarlos”.

La utopía del lenguaje musical

“Una visión muy particular de la improvisación a través del jazz, que he compartido en diversas master classes: Llego a la conclusión de que la música es un lenguaje y si la música es un lenguaje, entonces no se necesita talento o genio para lograrlo, como el sistema nos ha hecho creer, simplemente falta familiarizarse con él y encontrar el vehículo idóneo que sería el instrumento musical, para poder hablar música. Necesitaríamos modificar el sistema de enseñanza escolar, necesitaríamos quitarle el término de profesión. Si la música es un lenguaje entonces no es una profesión; si el arte es un lenguaje no es una profesión, es una manera de vida, una cultura, un universo, una manera de manifestar cosas sublimes y cosas abstractas que son imposibles de lograr con el lenguaje hablado. Esto modificaría mucho el sistema social y yo estoy luchando, soy utópico y me gustaría que algún día existieran personas que hablaran el lenguaje de la música sin necesariamente ser músicos profesionales, o que una persona que hable tan elocuentemente el lenguaje de la música decida si se va a dedicar a eso o no, o hablar de una manera más natural y fluida que una persona que sale de un conservatorio con una serie de conceptos y reglas que nada tienen que ver con el lenguaje.

No debemos decirles a los estudiantes que no pueden y las escuelas son las principales instancias que discriminan quién va a ser músico y quién no, cómo vas a ser músico. Tengo una visión global, auténtica, no sólo de exponer al público mexicano una propuesta de jazz, sino que a través de estas propuestas y estos conceptos, tratar de despertar el genio, la creatividad de los seres humanos, en general, por eso asocio todos los conceptos a la música que hago y yo mismo lo estoy practicando. Estoy tratando de desarrollar cada vez más una elocuencia en el discurso musical cuando improviso, una mayor naturalidad y una mayor conexión con mis sentimientos y con mis pensamientos. Trato de alejarme, prácticamente de olvidar todos los conceptos que aprendí e improvisar a partir de la experiencia, poder darle voz a esa experiencia y que la gente se pueda sentir conectada de esa manera no solamente conmigo, sino con todo lo que yo he vivido. Cada uno de los artistas es una ventana hacia el mundo y por eso el artista debe asimilar ese mundo con mayor agudeza y con mayor consciencia para poder transmitir toda esa carga energética a cada una de las notas que tocamos”.

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El artista que sale del encierro

“El artista tiene que definir salir de su cueva para dar a conocer su trabajo. Yo era uno de esos artistas que estaban escondidos del 2002 al 2010, prácticamente estaba enclaustrado en mi casa, ya en México, pero dando clases, que es una labor importante también, por supuesto, tocando en lugares, ejerciendo esta profesión de la música pero de una manera anónima. Porque hay estas dos formas de hacer música: Una como profesión, aceptando todo tipo de trabajos, en los cuales bien podrías ser tú u otra persona, es decir, son trabajos simplemente para vivir, son dignos, por supuesto; pero de repente me di cuenta, a raíz de un acontecimiento personal, la muerte de mi padre, fue como un despertar de consciencia que tenía que ser responsable de mi propia obra, que tenía que crear, que tenía que aportar, que tenía que establecer esa experiencia que me hace único y compartirla con el mundo, esa es una de las principales responsabilidades del jazzista… del artista, porque tenemos todo en común con los escritores, con los pintores, con los escultores; y tenemos la responsabilidad de empezar a compartir nuestro trabajo, de empezar a luchar contra todos los obstáculos que se nos van poniendo enfrente para poder trascenderlos y dar a conocer lo que estamos haciendo. Creo que es muy importante grabar frecuentemente, poder asumir la producción de tu propio álbum, eso lo asumí con The Watcher, entendí que en México no hay disqueras especializadas en jazz, que los apoyos eran demasiado selectivos, después descubrí que yo iba a disfrutar de uno de esos apoyos con Symbiosis, por parte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, pero en el primer disco yo tenía que ser el productor ejecutivo de mi propio disco, entonces me di cuenta de que mi proyecto o mi propuesta tenía que considerarla un negocio sin demeritar la parte artística, tenía que considerarlo como una empresa propia, a la que hay que invertirle constantemente tiempo, constancia y dinero para que pueda fructificar, que la música se escuche a gran escala, que existan mayores oportunidades de presentarla en vivo, en conciertos, radiodifusoras… es como si fuera una fogata a la que hay que estarle echando carbón y madera para que pueda mantenerse”.

La línea entre el negocio y lo sublime

“Yo me di cuenta que cuando grabé un disco con mi nombre, la gente me empezó a abrir las puertas y empezó a buscar mi propuesta, recibí invitaciones a festivales y fue cuando me di cuenta que es decisión del artista. Muchas veces se atiene a esos trabajos para sobrevivir porque piensa que no le va a ir mejor, pero resulta que cuando con mucha convicción presenta su propuesta y plasma su identidad en un disco se abren las puertas y finalmente se puede cotizar mejor. Ya no te contratan porque puedas tocar un instrumento en una cierta situación profesional, sino porque eres tú, con tu nombre, porque tú eres el único que compone esa música, eso a la larga va a hacer que te vaya mejor y que tu nombre valga; es muy importante que los artistas entiendan eso, que la inversión en un disco, promoción, son granitos de arena que van construyendo el inicio de su trayectoria. Ir a tocar gratis a una estación de radio para que te escuche la gente, o ir a tocar a un club por no tanta remuneración, son ladrillos que van a construir tu trayectoria en un cierto número de años, y quizás no tantos. Desde mi primer disco, The Watcher, han sucedido muchas cosas. Yo soy un ejemplo de las dos posturas que puede tener un artista, creía que no se podía vivir del jazz, a la par estudiaba física cuántica, todos estos conceptos, y me di cuenta de que yo iba a moldeando mi propia realidad de acuerdo con la fuerza de mi voluntad y que sí se puede, yo estudié mucho en Berklee, estudié música clásica, me he entregado mucho a la música en mi vida”.

Por qué jazz

“Después de tocar tantos años las personalidades de los grandes maestros, me di cuenta de que mi personalidad se estaba sublimando; de alguna manera estaba escondida detrás de esas notas que ya no me pertenecían, ya no pertenecen a esta época; entonces me rehusaba, me rebelaba a esta forma de conservar el arte, que ya no puede expresar propiamente el sentir de nuestra época. Encontré en el jazz la improvisación, porque son dos cosas diferentes también, la improvisación existe desde hace muchos siglos, en la música clásica, la improvisación es externar una idea musical que está de alguna manera girando en tu cabeza, que nace ahí y que debe ser cristalizada en algún instrumento o en alguna partitura. Improvisar no es tocar notas al azar, esta idea tiene que venir de una conexión profunda entre el lenguaje, el sentimiento, y poder manifestarla elocuentemente. En el jazz hay muchos estigmas de cómo es la improvisación, de cómo tiene que sonar, dicen que es propia del jazz, como si fuera el único género que la tuviera. Ahora en el tercer disco sí hay improvisación, pero no suena a jazz”.

El jazz como consecuencia de la época y de la experiencia individual

El jazz es un espíritu de manifestación humana que debe de ser congruente con su época, pero también el individuo debe ser congruente con sus influencias. Es decir, si el individuo no ha escuchado funk y pop, pero ha escuchado música clásica nada más, eso va a salir en sus composiciones, en su manera de improvisar, ¿qué tanto podemos absorber todo? Yo creo que es una tarea complicada. El individuo está aislado también, está enclaustrado en sus tendencias, influencias, prejuicios; es una situación muy personal, qué es lo que el artista quiere, qué parte de la humanidad le ha tocado absorber para reflejarla en su arte. El artista en sí mismo ya es contemporáneo, por más que trate de tocar jazz de los 30.

No es determinante tampoco qué tanta historia asimila el artista: no va a determinar su estilo. En mi caso eso sucede, mis composiciones no tienen una influencia mexicanista, por ejemplo, no estoy tan arraigado con el ser mexicano a pesar de que aquí radico, aquí nací. Me siento un ser universal, atrapado en este cuerpo y esta ubicación geográfica; mi manera de salir es a través de la música”.

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Cambiar a la sociedad para que funcione el jazz

“Voy a comenzar a dar conferencias sobre esto y va a ser otra manera de despertar la consciencia de la gente. El que no haya público para el jazz es resultado de eso (de la consciencia dormida), es un problema metafísico, existencial, más que social, a veces nada más nos quedamos en lo social, ¿cómo funciona el jazz en la sociedad? Hay que cambiar esa sociedad para que funcione el jazz y el mundo se vuelva más artístico. Quizás soy muy utópico, porque lo que digo es muy radical.

Para que el jazz pueda tener aceptación necesitamos ampliar los públicos, encontrar la manera de conquistar gente nueva, presentarles el jazz como una opción de consumir, que puede enriquecer sus vidas y que los círculos de jazz y de los amantes del jazz pueda ampliarse y podamos tener más lugares dónde tocar y dónde vender más discos, no es necesario que necesitemos hacer concesiones. Se puede lograr manteniendo la pureza estética, simplemente difundiéndolo con mayor fuerza, con mayor frecuencia, que tanto instituciones públicas como privadas establezcan difusiones; por ejemplo, campañas publicitarias, espectaculares que promuevan la escucha del jazz, el jazz necesita presencia de marca; llevar el jazz a las comunidades rurales, a las escuelas primarias; que es lo que Xalapa hizo en este festival, pero es lo mismo que yo le pregunto a los organizadores: ‘¿para qué organizas un festival una vez al año?’. Una vez al año no le hace bien a nadie, es darle una probadita a alguien que después se lo vas a quitar. Debería haber un presupuesto para tener a lo largo del año y presentar una vez al mes, así la gente sabría que una vez al mes otra vez hay jazz y si le gustó la experiencia lo podrá repetir, no tendrá que viajar. Las estrategias pueden mejorar mucho.

Las instituciones culturales apoyan desde su trinchera, pero desde el mismo círculo, podrían tratar de expandir su círculo de consumidores, pero no creo que lo hagan suficientemente. Mucha gente ni siquiera sabe que existe la palabra jazz.

Otra falla es que hay músicos que se sienten merecedores de los apoyos del estado, si no tienen esos apoyos adoptan esta postura de ejercer la música de manera anónima y se pierde el proyecto. Si cada uno asume el proyecto como su propia empresa, va a hacer un círculo alrededor del cual va a haber círculos de influencia concéntricos que van a ir creciendo en su estado, en su ciudad, pero lo que hace falta son las instituciones privadas; en el sector privado está la el futuro de la difusión cultural”.

¡Gracias, Alex!

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Un agradecimiento especial para Casa Belvedere por prestar sus instalaciones.

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